Cuando una nueva vida llega al mundo, nos ponemos tan contentos
que todo nos parece poco para recibirla.
Decoramos, cosemos, bordamos... no descuidamos ni un detalle.
Al fin y al cabo es nuestro ancestral instinto que nos hace preparar
el nido para lo más preciado que tendremos nunca.
Yo he sido afortunada al colaborar con los padres de June.




