Hace muchos años pasamos una temporada en una casa de
campo con un jardín lleno de cactus de todas clases. Hasta
ese momento, no me habían llamado la atención estas plantas,
al contrario, huía de sus pinchos, como alma que lleva el diablo,
sin duda, secuelas de algún pinchazo en la infancia.
A partir de ese momento, los cactus pasaron a ser mis plantas
favoritas. Nunca olvidaré el espectáculo de aquel jardín lleno
de flores, tan espectaculares como efímeras.
Recordando aquella época y aprovechando que están
de moda, he hecho mi particular homenaje, con este
veraniego capazo.













